Columnas Línea Caliente

Veracruz, al borde de la guerra civil; saqueos y violencia

Línea Caliente

Por Edgar Hernández*

¡Saqueo del pueblo a las bodegas del DIF del municipio de Rafael Delgado, gobernado por Morena!

A la par de las escalofriantes cifras en torno a que México registra su mayor contracción económica de su historia –menos 18%-, en Veracruz el hambre e injusticia social están llevando al pueblo al saqueo y violencia.

Lo sucedido esta madrugada en el municipio de Rafael Delgado en el centro de Veracruz, donde prácticamente toda la población de la cabecera municipal, Jalapilla, se levantó en protesta contra la alcaldesa de Morena, Isidora Antonio Ramos, misma que culminó con vandalismo y saqueo de despensas del DIF, no es un asunto menor.

Es el hambre y sed de justicia.

Es darse cuenta, como en las tiendas de raya en la época de la Revolución de 1910, que solo aplica la justicia y gracia para los amigos y los aliados, para quienes se la jugaron con Morena.

Cientos de despensas del DIF estatal, así como alimentos echados a perder fueron descubiertos por los rafaeldelgadenses quienes irrumpieron con violencia en el Palacio Municipal para encontrarse con tremenda sorpresa.

Las despensas del DIF que iban a ser destinadas para la población en esta época de pandemia estaban escondidas en bodegas repletas de alimentos.

En menos de 40 minutos, en el corre la voz, el pueblo se volcó para vaciar dichos almacenes y llevarse hasta un tractor comunitario bajo resguardo en los patios del ayuntamiento.

Ya en ocasiones anteriores la ciudadanía recibió con enojo las noticias de que las diputadas y diputados de Morena encabezados por Ana Miriam Ferraez, almacenaban millares de despensas del DIF en sus residencias.

La propia directora del DIF, Rebeca Quintanar, le metió tremenda empinada a Cuitláhuac García al hacer público un memorándum en donde “aclara” por órdenes del gobernador que solo los diputados de Morena tienen derecho a la entrega de despensas con fines electorales.

Así, lo que ellos censuraban de los gobiernos anteriores en torno al ocultamiento de despensas con fines electorales, tocó transitar por el mismo sendero de corrupción.

De semanas anteriores dábamos cuenta en este mismo espacio, del reclamo pobladores veracruzanos de zonas apartadas, quienes a través de mantas clamaban auxilio por hambre.

Nunca se enteró –o no quiso acusar recibo- ni el DIF, ni institución humanitaria alguna, menos el gobierno del atarantado Cuitláhuac García, más empeñado en concentrar el poder en torno a su persona ¿para qué? que atender las necesidades primarias de la población.

Los morenos olvidaron que esa misma injusticia social, que la desigualdad y discriminación, que el saqueo al erario y la corrupción dieron origen al estallamiento social de 1910.

Olvidaron, acaso intencionalmente, que de acuerdo al INEGI-Coneval, Veracruz está colocada entre las tres entidades de la república con serios problemas de hambruna con 1.4 millones de veracruzanos que no disponen de suficientes alimentos, carecen de acceso al sistema educativo y de salud, no disponen de seguridad social o servicio alimentario algún y mucho menos cuentan con una vivienda digna con servicios básicos de agua, drenaje o luz.

Esa es la pobreza extrema ya que el conteo general de pobreza en la entidad, al corte del 2019, asciende a 5 millones 088, 563 veracruzanos.

Para quien olvida la historia corre el riesgo de volverla a vivir.

Hoy las condiciones están dadas para una insurgencia tras los repetidos fracasos de Morena rehén del crimen organizado.

Hay caldo de cultivo para un estallido social por atreverse este nuevo gobierno a regalar dinero a sus chairos para que voten por ellos; por permitir que sus grupos afines llenen de familiares las nóminas; por saquear el dinero público, por hacer escuela de los moches y por no saber cómo parar esta pandemia que hace seis meses azota a pueblos y ciudades.

Igual pasó con los mártires de Río Blanco, por cierto muy cerca de Rafael Delgado, cuando la chispa de rebeldía de los trabajadores por desacato a las órdenes presidenciales, fueron y masacrados lo cual encendió la chispa de la Revolución.

Hoy  no se necesita ser catastrofista para saber que hay efervescencia y malestar en amplios grupos ciudadanos.

¡Cuidado! Las guerras se saben cuándo empiezan, nunca cuando terminan.

Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo