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Radicales acabarán con el país: Ricardo Monreal

Redacción / Reforma. Ciudad de México., 09 de enero de 2022.- Ricardo Monreal responde: «espero que no, espero que no» cuando se le dice que la única manera en que pueda estar en la boleta presidencial de la elección de 2024 es por un partido opositor a Morena.

Hace esfuerzos por convencer, o convencerse, que todavía tiene un lugar en el actual partido gobernante. Y arremete contra quienes lo tienen contra las cuerdas que, según él, buscan su aniquilamiento.

«Los que creen que siendo más radicales pueden obtener el cargo o la posición política que anhelan, allá ellos. Se equivocan, porque no va a quedar país para nadie. El aniquilamiento solo deja destrucción», expresa.

Pinta raya contra los radicalismos y a pesar de que el Presidente Andrés Manuel López Obrador en diciembre pasado urgió a sus correligionarios a definirse en la izquierda porque ostentarse en el centro político «para quedar bien con todos» es un error político, Monreal defiende la moderación.

«No estoy de acuerdo con radicalizar; ni la extrema derecha ni la extrema izquierda. Me acerco más al perfil socialdemócrata de los países nórdicos; simpatizo más con la socialdemocracia que con los radicalismos».

Priista desde pequeño, a los 14 años ya participaba con el tricolor en Fresnillo donde llegó a regidor ya siendo un licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ) y luego diputado federal a los 27 años y senador a los 30, cargo que ejerció entre 1991 y 1997.

En 1998 rompe con el PRI para ser postulado por el PRD a la gubernatura de Zacatecas. Vetado para ser candidato del tricolor por el Presidente Ernesto Zedillo, es promovido por el entonces líder nacional perredista Andrés Manuel López Obrador. Y gana la elección.

Gobierna Zacatecas entre 1998 y 2004 y se convierte en aliado fundamental de AMLO en las tres campañas electorales del tabasqueño por la Presidencia de la República. En la del 2012, que pierde con Enrique Peña, es el coordinador de campaña.

En 2018 queda al borde de la ruptura con el movimiento obradorista al negársele la posibilidad de ser el candidato a la Jefatura de Gobierno capitalina pues AMLO promovía a Claudia Sheinbaum.

Al final, Monreal se queda en Morena, partido del cual es fundador, participa en la campaña presidencial ganadora de AMLO y queda al frente del Senado. Pero ya había probado el hielo tabasqueño. Y hoy vuelve al congelamiento, al desprecio.

A sus 61 años de edad y con un año más de militancia con López Obrador (24), que en el PRI (23), está en una encrucijada: permanece en Morena o se confronta desde la Oposición. Quiere ser candidato a la Presidencia, pero no es el favorito. No tiene interlocución privilegiada con López Obrador. Es el villano y lo ven como un traidor.

¿Estás ya con un pie fuera de Morena?

Estoy quizás viviendo una etapa difícil de mi vida pública, de mi vida política, una etapa en la que obviamente a nadie se la deseo; en efecto, tengo casi un cuarto de siglo acompañando al Presidente Andrés Manuel López Obrador, soy fundador y militante de Morena y en el Senado hemos cumplido dotando al Estado mexicano de las bases jurídicas y constitucionales para llevar a cabo este proceso que se planteó el Presidente y muchos de nosotros sobre la transformación de la vida pública.

Estoy en Morena, sigo en Morena, porque en Morena hay muchas visiones, hay quienes coinciden conmigo, hay quienes no. Pero en efecto, estoy en una encrucijada porque me temo que la sucesión adelantada, la existencia de grupos y facciones, han distorsionado este proceso que pudiera ser democrático y ejemplar. Estoy tranquilo. Voy a estar en Morena y voy a luchar por su democratización y porque Morena no abandone las causas que nos dieron vida.

Una sucesión adelantada que parece fratricida. Discuten, debaten y se llevan muy fuerte, incluso con demandas penales. Encarcelaron a un colaborador tuyo en el Senado, José Manuel del Río Virgen, en un abierto mensaje a tu protagonismo político.

Una sucesión adelantada, una sucesión precipitada, fuera de toda lógica institucional y muy alejada de cualquier ortodoxia. Para mí no es oportuna. No fue correcto haberla abierto de esa manera. No es oportuno porque estamos a mitad del periodo presidencial, que hay mucho por hacer y debemos concentrarnos en los proyectos que forman parte de este proceso de transformación por el que México votó en 2018.

Y no era necesario porque contamos con un Presidente fuerte, popular, respaldado por una clara mayoría, y estos procesos adelantados la mayoría de las veces nos dan contextos de debilidad en gobiernos. Cuando se adelantan estos procesos, cuando se adelantan elecciones en regímenes parlamentarios, normalmente lo hacen por falta de apoyo y debilidad institucional, incluso por crisis; en el caso de México se cuenta con un Presidente fuerte, apreciado, según las encuestas, por lo que no considero que era necesario iniciar su propio proceso adelantado antes de la mitad del camino.

Pero ya no hay reversa…

Ya lo sé, pero lo consideré inconveniente porque lamentablemente se están generando divisiones internas, diferencias profundas que pueden conducir a confrontaciones políticas insalvables, en detrimento del propio movimiento.

Aunque algunos voceros del propio Gobierno se la pasen diciendo que no pasa nada, yo digo que sí está pasando, y cada vez nos acercamos a una confrontación inevitable. Pienso que el País requiere de la fuerza de la unidad, para alcanzar las metas esenciales que nos propusimos, en un proceso en el que todos y todas, sin importar facción o ubicación política o parlamentaria pueda participar para resolver los grandes retos que tenemos.

Morena atraviesa por una etapa crítica, a veces se intenta soslayar, pero no se puede ocultar, y esta sucesión adelantada ha provocado esta guerra temprana y lamentablemente si no hay reglas claras, compromisos políticos internos, se va agudizar, no se requiere ser tan sabio para prever que esto puede terminar mal.

La detención de Del Río ¿es un aviso, es un estate quieto?

En todos los grupos y en todos los gobiernos hay diferencias tan naturales como inevitables y tan diversas como necesarias. El caso de Del Río se inscribe en un acto de injusticia, en un acto de persecución política.

Su detención violó abiertamente la presunción de inocencia, el debido proceso, la duda razonable. Quien lo vinculó a proceso fue para mí un Juez de consigna del Poder Judicial local, se llama Francisco Reyes Contreras. Ves la resolución y no puedes admitir que esto esté sucediendo en pleno siglo 21.

Por lo que escribe y firma es un juez de consigna. Él y el Fiscal del Estado están subordinados al Poder Ejecutivo.

Hablas de un Gobernador y un Gobierno emanado de Morena

No puedo proteger ni callarme los excesos de un Gobierno cual sea, porque nosotros no llegamos al poder para reproducir o repetir los actos que veníamos cuestionando y criticando como de abuso de autoridad, como autoritarios.

No puedes cambiar simplemente protegiendo a quien está aunque cometa los mismos excesos, tienes que actuar con congruencia, aunque te señalen y te cuestionen por defender causas justas. Yo no soy del coro de aplaudidores sólo por el simple hecho de provenir de un movimiento.

Tenemos que actuar todavía con mayor humildad y con mayor justicia para la sociedad que fue quien confió en nosotros. Entonces voy a actuar de manera congruente y no debe entenderse como un golpe contra Morena. Vi las pruebas que no existen, los elementos que presumen son infames, son de risa, son verdaderamente grotescos desde el punto de vista jurídico y constitucional.

Estás confrontado con Cuitláhuac García, emanado de Morena; es evidente que tienes diferencias con la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum; te responsabilizan de la derrota en algunas alcaldías de Morena en junio de 2021. En la fracción de senadores de Morena algunos ya no siguen tu liderazgo. A veces parece que te escuchan mejor los senadores de Movimiento Ciudadano o en el PRI, que en Morena. ¿Cuál es tu circunstancia?

Mi circunstancia es muy clara: soy fundador de Morena, soy militante de Morena y soy un hombre independiente de criterio y de opinión. Tengo diferencias con quienes abusan del poder, con quienes se entronizan y cometen los mismos excesos que cuestionamos. Actúo con congruencia.

No tengo enemistad con la Jefa de Gobierno. Tenemos puntos de vista diferentes, a pesar de su condición y cercanía con el Presidente. Estoy luchando abajo e intentando que el debate de las ideas predomine por encima de esta liquidación y este aniquilamiento que pretenden instaurar facciones en Morena.

Por eso yo te diría que con el Presidente de la República soy aliado desde hace 24 años y con el Presidente no buscaré ni aceptaré confrontación alguna, voy a luchar al interior del partido, aunque no creo que en igualdad de circunstancias porque no las hay, no hay piso parejo, pero voy a intentar luchar y mantenernos con el debate de ideas, no con la descalificación ni con el desprestigio.

Como miembros de Morena deberíamos pedirle cuentas a quienes están mal gobernando en municipios o entidades federativas. No podemos solapar excesos, eso no es por lo que luchamos.

Claro, esto me aleja de un sector de la nomenclatura político-partidista y me aleja de un sector adicto al Presidente, pero no es mi intención confrontarme con el Presidente, sino darle a la sociedad un debate inteligente y racional para que valoren la sucesión que ocurrirá en dos años, a destiempo destapada e iniciada, pero finalmente estoy en mi trabajo y estoy haciendo todo lo que puedo para realizarlo.

¿Ves al Presidente a la cabeza de la campaña de Claudia Sheinbaum?

Puedo decir que lo conozco muy bien desde hace 24 años. Podría decir que el Presidente es un demócrata, que en mi vida pública, me consta su actitud de ser demócrata. Tuve una diferencia que la salvamos en el 2017 con motivo de la encuesta de la candidatura a la Jefatura de Gobierno.

Las encuestas que están siendo usadas no son lo más correcto; vemos ahora que no hay satisfacción sobre la forma en que se seleccionan a candidatos y candidatas, respeto lo que se hizo, pero las expresiones están vivas.

Debo advertir que el Presidente es muy fuerte, el Presidente López Obrador goza de un acompañamiento impresionante de militantes y simpatizantes, no solo en Morena, sino con independientes y aliados.

Quiere decir que cualquier gesto o señalamiento, cualquier expresión en favor de uno u otro es muy pesada, y obviamente si a una se le apapacha, si al otro se le reconoce y a uno más se le ignora y se le congela, pues la expresión de la militancia es reflejo de lo que él está expresando.

Estoy tranquilo, he jugado las reglas de la política toda mi vida, he caminado contra corriente, nunca la nomenclatura, nunca el poder público en función ha sido mi aliado, mi promotor o mi patrocinador, nunca he corrido con esa ventaja, siempre he caminado en desventaja, ahora no es la excepción.

Ni reclamo patrocinio ni que se incrusten en el gobierno personajes que simpaticen conmigo, lo único que quiero es que se democratice la decisión del partido en el momento de tomarla.

Lo único que quiero es que haya justicia para los humillados, los perseguidos políticos, para aquellos a los que siempre nuestra bandera fue orientada, por esa razón estoy muy sereno y muy tranquilo en lo que viene, pero me temo que van candidatos y les venden que fue una persona la que ayudó a ser candidatos, y estas cargadas previas y aceleradas van a generar un problema serio.

Si no hay la apertura siempre ocurren rupturas; si no hay sensibilidad y la propia condición de participación, si hay solo la persecución, el deterioro y la descalificación ocurren siempre circunstancias adversas que ponen en riesgo la continuación de un proyecto político.

¿Una escisión como la del 88 que encabezó Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez? ¿Dónde en el 2024 veamos en la boleta dos o tres candidatos emanados de Morena, pero confrontados?

Es una pregunta muy fuerte. Viví de cerca el movimiento que inició en 1986, porque ahí inició con el surgimiento de las primeras expresiones de la corriente democrática en el PRI, que encabezaba la senadora Ifigenia Martínez, Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo.

Aquel episodio tuvo características particulares, se dio en el contexto de un modelo partidista agotado, cuyos beneficiarios no querían reconocer que era un esquema que no daba más.

Ahora encontramos un movimiento respaldado por la mayoría que no está ni remotamente agotado, por el contrario, lo que todos queremos es que esa vigencia nos alcance a lograr la transformación de las instituciones, lo que hemos planteado, el cambio de régimen, la nueva cultura democrática.

Por eso creo que más allá de referencias distantes, lo que sucede ahora coincide con dos principios de aquel movimiento y que lo satanizaron y persiguieron: democratización y justicia.

Ese movimiento de escisión al interior del PRI no tuvo eco ni atención, y la soberbia y la sordera del poder en los 80 impidieron gestionar adecuadamente aquel conflicto. En 1988 esa elección no la ganó el PRI. De eso se trata: de aprender de las experiencias, de escuchar distintas voces y opiniones, no alimentar solo la confrontación irracional sin sentido, sino dar paso al debate de ideas, plataformas, de análisis de políticas públicas

Estamos a tiempo de evitar que la característica principal de la etapa moderna de Morena sea la pugna y la purga y no el diálogo y la conciliación.

¿Esta sucesión es depuración?

Pugna y purga a nadie le conviene.

En 2013, Ricardo Monreal publicó el libro «La larga travesía» a propósito de la campaña presidencial de López Obrador de 2012 y ahí propone que la izquierda debe recorrerse al centro para lograr apoyo. Al recordar ese pasaje se le muestra al senador un extracto del discurso del 1 de diciembre de 2021 donde López Obrador advierte a sus correligionarios que es un error correrse al centro.

«Nada se logra con las medias tintas, los publicistas del periodo neoliberal, que ya se fue, se está terminando esa pesadilla, los publicistas del periodo neoliberal, además de la risa fingida, el peinado engominado y la falsedad de la imagen, siempre recomiendan a los gobernantes, a los candidatos, correrse al centro, es decir, quedar bien con todos. ¡Pues no, eso es un error! El noble oficio de la política exige autenticidad y definiciones. Ser de izquierda es anclarnos a nuestros ideales y principios, no desdibujarnos, no zigzaguear, si somos auténticos, si hablamos con la verdad y nos pronunciamos por los pobres y la justicia mantendremos identidad».

¿Sigues pensando como en el 2012 que hay que correrse al centro?

La definición ideológica del Presidente es clara y no la discuto, la respeto. Escribí en «La larga travesía», porque fui el coordinador de la campaña en 2012 y escuchaba en muchos foros y muchas partes la simpatía por López Obrador, siendo candidato, pero su resistencia a aceptar una izquierda radical era de voces expresadas de manera casi general.

La izquierda es una definición política, es un pensamiento universal, nutrido de conciencia social, de solidaridad, de respaldar las causas, la más vulnerable, la más desprotegida; de esta fuerza que puede impulsar políticas públicas progresistas sin estridencia, sin excesos, sin violaciones a la Constitución. Esa es la izquierda en la que creo.

En la que es capaz de dialogar, la que tiene sentido para negociar, la que puede sentarse a escuchar opiniones diversas y hasta encontradas y buscar soluciones para el País, la que prefiere conciliar que confrontar. Una izquierda que lucha por la democracia, por el respeto a los derechos humanos, por el cuidado al medio ambiente, por la justicia.

Si hacemos un análisis retrospectivo, en el 2018 se hizo, correrse al centro. Cómo invitabas a sectores que nunca habían estado con nosotros, incluso de extrema derecha, gente que renunció para incorporarse, y el discurso del Presidente no fue como en el 2012. Al llamar a personalidades distintas, del PAN, del PRI, del PRD mismo, hizo una amalgama, hizo una masa o un universo, en la convocatoria de distintas personalidades.

¿Es vigente correrse al centro?

Ese corrimiento que se dio es lo que logró la contundencia. No estoy de acuerdo con radicalizar, ni la extrema derecha ni la extrema izquierda. Me acerco más al perfil socialdemócrata de los países nórdicos; simpatizo más con la socialdemocracia que con los radicalismos, no creo en eso. Creo que la sociedad puede generar una condición de buen gobierno con políticas progresistas, muy claras, sin que caigamos en excesos y en una geometría política excesiva.

Lo que hoy escuchamos, lo que se pretende desde el gobierno, es radicalizar, profundizar los cambios que han emprendido y eso significaría que un eventual candidato de Morena a 2024 representaría la profundización de lo que ha hecho el gobierno de la 4T. Si así fuera no tendrías cabida.

En Morena hay gente racional. La mayoría de los simpatizantes, los que votamos en 2018, es gente con principios que quiere políticas progresistas, que quiere enfrentar los retos que estamos padeciendo, que quiere que atendamos el problema de la seguridad pública, de los perseguidos, el problema del medio ambiente, de la justicia; que nos inclinemos por la educación, que fortalezcamos instituciones de educación pública y respetemos la educación privada, que reforcemos esquemas de salud. Son el ideario de políticas progresistas de la socialdemocracia.

Muchos militantes de Morena no quieren luchas fratricidas, no quieren luchas facciosas que aniquilen; no quieren que haya esta purga que lamentablemente puede presentarse y es tan sencillo de ver en uno y otro extremo. Los correos de quienes llaman a aniquilar a adversarios internos que puedes ver que son puras loas a la candidata o al candidato y son pura descalificación y desprestigio con el otro candidato.

Es muy fácil seguir la huella de la estrategia ¿Dónde me veo? Sosteniendo mis tesis y que desde antes de entrar a Morena ya las tenía, y el Presidente lo sabe, sabe que así pienso y que nunca lo he engañado, sabe que no soy del ala radical de ningún partido y siempre busco el diálogo y consenso para lograr acuerdos, no creo que eso extrañe al Presidente y a un grupo de intelectuales racional.

A los que llegaron nuevos y los que tienen menos tiempo, los que creen que siendo más radicales pueden obtener el cargo o la posición política que anhelan, allá ellos. Se equivocan, porque no va a quedar País para nadie, el aniquilamiento sólo deja destrucción, creo que la sociedad mexicana está lista para continuar este proceso de transformación y para continuar los retos del presente.

Creo que tengo cabida en Morena y puedo ganar en Morena y puedo lograr la transformación de este proceso que inició el Presidente López Obrador.

Escuchándote, la única manera para que puedas estar en las boletas como candidato a la Presidencia no parece ser por Morena, sino en oposición a Morena.

Espero que no, ya pasé una historia con un Presidente de la República, espero que no, mi vida ha sido siempre cuesta arriba, formada en la adversidad, lo sabe la gente, gracias al pueblo, a los ciudadanos, he ganado y he logrado transitar en mis distintos cargos públicos, pero ha sido la ciudadanía la que me ha sacado, nunca ha sido, ni la nomenclatura de un partido ni la cúpula de un poder.

Fuente: Reforma

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