Columna

La 4T y la creciente desigualdad y pobreza en México

En la Opinión de …

Samuel Aguirre Ochoa

El día de ayer en su columna Estrictamente Personal, publicada en El Financiero, Raymundo Riva Palacio, escribe que a pesar de que el presidente López Obrador plantea de palabra en forma reiterada que “primero los pobres”, porque los ricos ya acumularon suficiente y es tiempo de que contribuyan en la redistribución de la riqueza, ya en la forma en cómo gobierna no beneficia realmente a estos, pues “durante este sexenio creció casi 4 millones el número de pobres y 2.1 cayeron en pobreza extrema” y “…porque de mantenerse en sus creencias sin sustento teórico, serán ellos, los pobres, los más sacrificados de su gobierno. El cambio de modelo no se da mediante actos de fe o transferencia de recursos directos sin sentido. No necesita inventar nada. El camino está frente a sus ojos, impuestos progresivos.”

Lo único que tiene que hacer es abrir los ojos para descubrir la tendencia que están siguiendo la mayoría de los países en el planeta, tendencia derivada de acuerdos en el G7 primero, y en la OCDE después, y que responden al planteamiento de diversos organismos, como la Oxfam internacional, que en un reciente informe planteó que “la desigualdad extrema está fuera de control… Cientos de millones de personas están viviendo en extrema pobreza mientras que las grandes recompensas van para aquellos en la parte más alta de la pirámide. Hay multimillonarios como nunca había habido y sus fortunas crecen en niveles de récord”. El 1 por ciento de los más ricos, por ejemplo, tiene el doble de dinero que 6 mil 900 millones de personas, y la mitad de la población del mundo vive con menos de 5.50 dólares al día (113 pesos aproximadamente).
Riva Palacio plantea que, independientemente de la ideología o las condiciones de cada nación, crece el consenso para disminuir la desigualdad y la pobreza desde puntos de vista no sólo éticos, sino económicos, toda vez que quienes no tengan dinero tampoco podrán consumir, y si no hay consumo tampoco hay crecimiento; reducir la desigualdad es, pues, una necesidad económica de la sociedad actual a nivel mundial.

De aquí que 136 de los 139 países que forman parte del llamado “Marco Exclusivo” de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) alcanzaron el 8 de octubre de 2021 un acuerdo calificado de histórico que abre las puertas a una nueva fiscalidad de las multinacionales, que garantiza que estas empresas paguen su parte justa de impuestos en todo el mundo. La reforma fiscal pretende que las firmas paguen un impuesto mínimo sobre las ganancias de al menos 15 por ciento. Este plan servirá a los países para restablecer sus presupuestos y finanzas públicas, al tiempo que invierten en los servicios públicos esenciales, en las infraestructuras y en las medidas necesarias para una recuperación sólida y sostenida después de la crisis del coronavirus. Dicho pacto entrará en vigor en 2023, sin embargo, varios países ya vienen poniendo en práctica esas medidas.

El primer ministro de Japón, Fumio Kishida, “prometió se alejaría del neoliberalismo y construiría un “nuevo capitalismo japonés”, para promover de manera más agresiva la distribución de la riqueza en beneficio de quienes tengan ingresos medios y bajos, y crear nuevas salvaguardas para los pequeños y medianos negocios. La forma como lo hará será mediante cambios en las leyes tributarias. Simple: quienes más ganen, que paguen más impuestos”, escribe Riva Palacio.

El gobierno chino anunció planes para lograr la “prosperidad común” como un requisito del socialismo, cuyo objetivo declarado es regular los ingresos excesivamente altos, a fin de garantizar la prosperidad común para todos, incrementando el control sobre los grandes consorcios tecnológicos, combatir la corrupción y tomar medidas para evitar la evasión fiscal. Su presidente Xi Jinping señaló: “no podemos permitir que la brecha entre los ricos y pobres siga creciendo, que los pobres sigan empobreciendo mientras los ricos continúan haciéndose más ricos”.

El presidente Joe Biden quiere elevar impuestos a las empresas y los individuos que más dinero poseen, para generar una red social e impulsar grandes proyectos de infraestructura que permitan una mejor distribución de la riqueza.

Por eso Riva Palacio le dice a López Obrador, que el cambio de modelo no se da como un acto de fe o con darle dinero en forma directa a la gente, que se requiere sustento técnico basado en la ciencia económica, y le dice que la solución ya está delineada por los organismos internacionales y que consiste en una política fiscal progresiva, en la que paguen más los que ganen más, tal como también lo ha venido planteando el Movimiento Antorchista Nacional desde hace 47 años, pero López Obrador no quiere molestar a los grandes magnates que dominan la economía mexicana, nacionales o extranjeros ni con el pétalo de una rosa, quiere cubrir el déficit fiscal incrementando los impuestos, tal como han hecho los gobiernos anteriores, a los que tanto critica, imponiendo más gravámenes a los más desprotegidos, como son los trabajadores del sector informal y a todos los jóvenes mayores de 18 años para quienes será obligatorio registrarse ante el SAT de ahora en adelante.

Las acciones que está tomando el actual gobierno de Morena, nos llevan a la conclusión de que la desigualdad social y económica seguirán creciendo en México, incrementando también la pobreza, con sus respectivas consecuencias entre el pueblo trabajador: mayor sufrimiento y atraso. Hay gente que aún sigue con la ilusión de que las cosas mejoraran en el país, el tiempo se encargará de hacer claridad para todos, en definitiva.