Deportes

Columna El Marcaje – Día Dos

El Marcaje

Fernando Hernández Fernández

Día dos

Los largos trayectos del hotel de concentración al estadio Rod Carew nos da oportunidad de ver más una de las principales capitales comerciales del planeta.
Pero a su vez conocer de a poco a su gente. Personas amables, aunque en varios de los casos es difícil arrancarles una sonrisa.
Sin embargo, como en muchos países, los taxistas son referentes de mucha informació (y por 10 o 15 dólares que cobran tienen que serlo).
Hablar de futbol es de cajón y nos han dado cátedra. Uno de plano es un experto del Real Madrid. Su análisis es muy bueno en cuanto a la realidad de Ancelotti.
Esto después de tundirnos a los mexicanos (no sabía que lo somos) por la pasada eliminatoria mundialista.
El otro conductor se aventuró a hablar del balompié azteca. Y soltó: “¿Entonces se van las Chivas al descenso?”. Casí el unísono los pasajeros coincidimos, “ojalá”.
Saben del América, del Toluca, del Morelia, hasta del Veracruz, y cómo no si El Matador Tejada jugó ahí.
Lo cierto es que también hay que buscar cómo entretenese en los taxis. La forma de manejar es muy agresiva, intrépida, en pocas palabras vas rezando por un lado y por el otro con las uñas enterradas en el asiento.
Además, en Ciudad de Panamá está permitido el tránsito libre para traileros a todas horas, lo que complica en demasía la vialidad.
El recorrido nos llevó del beisbol al majestuoso estadio Rommel Fernández, para ver el llamado Clásico Nacional, entre el Tauro y Plaza Amador.
Juego entretenido con empate a dos, aunque es de llamar la atención que era una cantidad ínfima de aficionados, y que al final del juego cada quien por su rumbo y sin problema, muy diferente a México que hay gigantescos operativos porque la gente se anda medio matando en las afueras de los inmuebles.
El camino nos llevo al Casco Viejo, para conocer a un músico urbano que cada que podía se empinaba el alcohol directo.
Cantaba de todo teniendo la estatua de Simón Bolívar como testigo mudo de la velada, mientras también aprovechábamos para probar mercancia local, como el Ron Abuelo.
Ciudad de Panamá, una capital importante, donde la vida es cara, con grandes edificios, cosmopolita, con una leyenda como Roberto Durán que a la distancia nos saludó, con un programa de esterilización canina que funciona al no ver perros callejeros.
En fin, un tremendo sitio, pero me quedo con la frase dejada por un amigo del volante: “Y bueno, sí, las panameñas son frías, no son cariñosas, si ustedes quieren cariños, consíganse unas colombianas (risas)”.
Y la aventura sigue. Ahora vamos al distrito Agua Dulce, en la provincia de Coclé, confiando en que los Brujos ganarán a los locales y podrán meterse a la etapa final de esta Serie Latinoamericana.