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Aburren Veracruz y Cruz Azul en El Pirata

veracruz_cruz-movilFernando Hernández /Boca del Río, Ver., a 23 de enero de 2015.- ¡Extra, extra! Heló en Veracruz. Pero no sólo por los 17 grados centígrados, la llovizna constante y las fuertes rachas de viento q rebasaron los 70 kilómetros por hora, sino que en la cancha del Pirata apareció un duelo frío, con equipos desangelados, más preocupados en el resguardo que en el ofender y brindar un empate a ceros para el olvido.
Tiburones Rojos y Cruz Azul levantaron una falta expectativa. Llegaron invictos, venían jugando bien, incluso los escualos con un estilo vertical en su reciente duelo ante el Puebla.
Pareciera que al Veracruz sólo le importaba vencer a La Franja y ya, mientras que La Máquina, lejos de preocuparle eso, se conformó con un puntito más a la cuenta, presionando poco y ayudando a dejar un sabor amargo.
Si acaso dos llegadas peligrosas para cada bando. La pelota detenida se convirtió en esa endeble arma que por momentos intentaba cambiar la historia.
Sin embargo, tanto José de Jesús Corona como Édgar Melitón Hernández evitaron alguna mala pasada del viento y resolvieron los pocos momentos en que se vieron exigidos.
Los primeros 45 minutos arrancaron bostezos.
El Maestro Carlos Reinoso quiso recomponer con la velocidad de Luis Sánchez, pero no fue suficiente. El técnico chileno no paró de pegar de gritos, hacer aspavientos, dar indicaciones, sobre todo a Gabriel Peñalba en el mediocampo.
Y es que los pelotazos ya estaban a la orden del día en la parte complementaria y cuando la bola era conducida se hacía sin claridad o hacía las bandas o más atrás.
Luis Fernando Tena, por el contrario, se mantuvo más parco, creyó que el estilo de Christian Giménez le daría algo distinto. Erró.
Así, La Máquina se resguardó, esperando un descuido del rival o una pelota parada para ejercer la táctica fija.
Prácticamente los últimos 15 minutos se jugaron a ver quién no metía el gol, y al final lo consiguieron.
Ambos técnicos siguieron moviendo sus piezas, pero los seis que entraron se contagiaron de la apatía del resto de jugadores en la cancha.
El ladrillazo de hielo en el puerto se firmó y la constante del mal estado de la cancha y la dificultad por las condiciones climatológicas se hizo una constante al término del compromiso.
Y hubo un valiente como El Chaco quien reconoció que fue un partido malo por las circuntancias del terreno de juego. “Supimos jugar el partido. No se podía jugar y cuando no se puede jugar…”, sentenció.